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© Gustavo Díaz Sosa

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El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero cómo reconocerlo si él mismo lo desfigura.

          En la obra de Gustavo Díaz Sosa vemos una interpretación personal y poética de las diferentes etapas que marcan al ser humano hacia un camino de despertar y liberación. Así como podríamos considerar La Divina Comedia de Dante una revelación de su vida y juicio de la existencia, en la obra de Díaz Sosa se puede descubrir un mundo de pensamientos profundos que nos revelan sus inquietudes existenciales en diferentes etapas de su vida.  Como si fuese un “autorretrato filosófico” narra de forma constante una parábola de sus inquietudes existenciales, representándose a sí mismo dentro de la masa gregaria de sus diminutos personajes. Juicios, burócratas, colas infinitas, torres, monumentos y enormes espacios arquitectónicos son los escenarios en los que el artista desarrolla un discurso acerca de la vulnerabilidad del hombre gregario en búsqueda de su verdadera identidad y su lucha contra el poder de los que imperan.
          En el conjunto de su obra vemos que ha tocado diversos temas en la búsqueda incesante de respuestas a las preguntas que más han inquietado al ser humano en toda su existencia: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? y ¿hacia dónde voy? Por ello en su obra destaca un carácter místico que provoca en el público un gran interés por conocer el mundo interior del artista.
         En su statement Díaz Sosa nos comenta:
 
         Hemos sido bendecidos con la divina cualidad del libre albedrío, pero desconocemos su verdadero sentido y el gran poder que conlleva. Nuestras elecciones parecen estar condicionadas por los intereses de quienes dominan en el mundo de la materia. Vivimos de forma gregaria como atrezo de un gran escenario confeccionado por las mentes más poderosas. Hemos negado nuestra verdadera identidad al ser seducidos por las tentaciones que ofrecen quienes imperan. Hemos caído en la gravitación de la materia distorsionando nuestro estado primordial. La Humanidad se encuentra perdida porque ha olvidado su verdadera esencia, como el niño que esconde su inocencia al hacerse adulto. ¿Acaso ha fallado nuestro instinto al aplicar el libre albedrío o es que ha sido más fácil creer en lo que nos hacen ver las mentes más poderosas? ¿Qué ha sido de la Verdad? ¿Qué ha sido del soplo de Dios que dio vida a Adán? ¿Qué ha sido del hombre a imagen y semejanza de Dios? Sí, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero cómo podrá reconocerlo si él mismo lo desfigura.
          Mi obra es una percepción personal y poética del estado actual en el que se encuentra el ser humano tras la caída. La humanidad vive rendida de forma inconsciente ante la falacia que nos han impuesto como “verdad” desde que nacemos. Mis personajes huyen extraviados sin saber a dónde buscando puertas y salidas en los muros que los acorralan ante el orden que impera con normas establecidas. Como muchedumbre gregaria intentan salvarse sin percatarse que siguen en la vía incierta. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para qué existo? ¿Hacia dónde voy?, conocer estas cuestiones les haría seres libres, sin embargo el modo en el que se nos han "programado" nos aleja de poder resolverlas.
          Empleo la arquitectura como herramienta o símbolo de gracia y poder. La arquitectura se fundamenta en el misterioso lenguaje del Universo para poder sostenerse y perdurar en la materia. Para su sustento se han de conocer las leyes físicas y matemáticas que rigen el Universo, el lenguaje divino de la creación. Por ello considero la arquitectura un símbolo de gracia divina, pero de igual modo que ha servido para proteger al hombre, también se ha empleado para dominarlo. Los grandes monumentos, iglesias, templos y rascacielos nos recuerdan lo vulnerable que somos ante la majestuosidad de quienes los gobiernan. Fundamento el concepto de mi obra en escenarios de torres inmensas, columnas, templos con infinitos pasillos, escaleras inacabables y muros sin fin en los que la humanidad siempre queda minimizada ante ellos. Es una parábola de lo que somos ante el Universo y a su vez ante las grandes leyes impuestas desde nuestro nacimiento. Los más dominantes siempre se han escudado en inmensos templos para ratificar la fragilidad de los más débiles ante el Poder.
          Incito a la reflexión utilizando ambientes dramáticos y composiciones de carácter escenográfico que en ocasiones nos recuerdan a K. ante el inmenso e inalcanzable "Castillo" o hundido en la desolada desesperación de un "Proceso" interminable y sin sentido. También podría recordar la novela "Crimen y Castigo" de Dostoievski, donde Raskolnikov se ve confuso en los paradójicos conceptos del bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo deseado y lo indeseable. Y, como es evidente, me remito a "1984", donde George Orwell introdujo el concepto del omnipresente y vigilante Gran Hermano y narra el funcionamiento de una política totalitaria que maneja a su antojo a la humanidad. Pero desde siempre, así como Dante nos revela en la "Divina Comedia" su concepto de la vida tras la muerte basado en su forma de pensamiento, mi obra es una reflexión continua de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.