«EL HOMBRE FUE CREADO A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS,

PERO CÓMO PODRÁ RECONOCERLO SI ÉL MISMO LO DESFIGURA»

          Hemos sido bendecidos con la divina cualidad del libre albedrío, pero desconocemos su verdadero sentido y el gran poder que conlleva. Nuestras elecciones parecen estar condicionadas por los intereses de quienes dominan en el mundo de la materia. Vivimos de forma gregaria como atrezo de un gran escenario confeccionado por las mentes más poderosas. Hemos negado nuestra verdadera identidad al ser seducidos por las tentaciones que ofrecen quienes imperan. Hemos caído en la gravitación de la materia distorsionando nuestro estado primordial. La Humanidad se encuentra perdida porque ha olvidado su verdadera esencia, como el niño que extravía su inocencia al hacerse adulto. ¿Acaso ha fallado nuestro instinto al aplicar el libre albedrío o es que ha sido más fácil creer en lo que nos hacen ver las mentes más poderosas? ¿Qué ha sido de la Verdad? ¿Qué ha sido del soplo que dio vida a Adán? ¿Qué ha sido del hombre a imagen y semejanza de Dios? Sí, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero cómo podrá reconocerlo si él mismo lo desfigura.

          Mi obra es una percepción personal y poética del estado actual en el que se encuentra la sociedad. Considero que la humanidad vive rendida de forma inconsciente ante la falacia que nos imponen como “verdad” desde que nacemos. Mis personajes huyen extraviados sin saber hacia dónde. Acorralados buscan salidas entre los muros que levanta el Poder que impera. La muchedumbre intenta salvarse sin percatarse que sigue en la vía incierta. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para qué existo? ¿Hacia dónde voy?, la verdadera respuesta a estas cuestiones nos haría seres libres, sin embargo el modo en el que nos han "programado" nos aleja de poder resolverlas.

          La arquitectura se fundamenta en el lenguaje divino de la Creación para poder elevarse y permanecer en el tiempo. Pero de igual modo que ha servido para proteger al hombre, también se ha empleado para dominarlo. Es por ello que la reflejo en mi obra como un símbolo de gracia divina y, a su vez, de poder. Los grandes muros de iglesias, templos y rascacielos muestran el arte del hombre para dominar las leyes divinas de la naturaleza a la vez que queda minimizado ante la majestuosidad de quienes lo gobiernan. Es una alegoría de lo que somos ante el Universo y ante las grandes leyes impuestas desde nuestro nacimiento. Los más dominantes siempre se han escudado en altos muros para reafirmar la fragilidad de los más débiles.

          Incito a la reflexión utilizando ambientes dramáticos y composiciones de carácter escenográfico que en ocasiones nos recuerdan a Josef K. hundido en la desolada desesperación de un "Proceso" interminable y sin sentido o enfrentándose a un inmenso e inalcanzable "Castillo", como relata Kafka en sus novelas. También podría recordar a "Crimen y Castigo" novela en la que Dostoievski somete a Raskolnikov a los paradójicos conceptos del bien y el mal, lo ético y lo inmoral, lo deseado y lo indebidamente deseado. Y, como es evidente, me apoyo en "1984", donde George Orwell introdujo el concepto del omnipresente y vigilante Gran Hermano y narra el funcionamiento de una política totalitaria que maneja a su antojo a la humanidad. Pero desde siempre, así como Dante busca encontrarse cuando se halló apartado del camino recto en selva oscura, mi obra es una reflexión continua para comprender quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy.